
Las únicas ventanas abiertas al mundo, a las novedades llegadas de fuera, eran los escaparates, como el de la tintorería de la exuberante Mari, proseguía Sisa, cada vez más metido en su papel amarcordiano de recuerdos de la infancia. Fue de este modo como sus canciones se poblaron de maniquíes (”Maniquí, t’estimo tant!”. “Maniquí, ¡te quiero tanto!”) que invitaban a descubrir horizontes desconocidos
A Valdecilla, rápido.
a descubril el horizonte de lo material………………………