La montaña

Cuando, de alguna manera, llevas dentro el sentimiento de atracción hacia la montaña y todo lo que esta te ofrece y significa, no puedes sentir más que un escalofrío, al saber que alguien, como Iñaki Ochoa, se ha apagado en ella.

Última crónica de Iñaki Ochoa de Olza desde el Annapurna

Esta crónica fue publicada por el montañero pamplonés el pasado jueves 15 de mayo

MI LUCHA

Que no se asuste nadie; no me he vuelto loco del todo, ni estoy peleado con el mundo, ni tampoco me he asociado con lo más granado del nacionalsocialismo. Nada de eso parece haber sucedido, por fortuna. La lucha de la que hablo hoy, mi desesperado anhelo por pisar la cima del Annapurna, es pacífica y espero que noble, apasionada y también quizás algo rebelde, aunque jamás a cualquier precio. La lid a la que me refiero hace que llevemos casi 30 años preparándonos para cuatro días de escalada, muchos meses de entrenamientos específicos con la mente puesta sólo en una cosa, y también ya más de 70 días en Nepal La espera de las condiciones adecuadas está siendo tensa y larga, pero se supone que el objetivo, de primera categoría, así lo merece. Aunque no hagan mucho caso cuando lean por ahí que pensamos atacar la cima, ya que aquella no nos ha hacho nada, ni tampoco es nuestra intención conquistarla; a lo sumo podremos convivir en paz durante unos cortos minutos, y después continuar nuestro camino agradecidos.

La lluvia golpea con intermitente suavidad la tienda del campo base mientras escribo, ahora en mayo ya sólo nieva durante la noche. Pienso en los días pasados en la montaña últimamente, en medio de la tensión propia de la escalada más difícil de mi vida y rodeados de dificultades en las relaciones personales. Grietas, avalanchas, tormentas, broncas con algún compañero no se puede decir que nuestras vidas sean anodinas. Alguien definió con acierto al Annapurna como la personificación geológica de la angustia. Yo añadiría sin dudarlo el desamparo y la amarga sensación de ser el último habitante de este planeta. Cuando te plantas debajo, descubres que da igual que pises la cima o que no lo hagas, nada va a cambiar en ambos casos. Esa cima que centellea con rabia sólo mide con exactitud nuestra propia vanidad, nuestra impermanencia irremediable. A veces me gustaría ser libre de mis propios deseos, como un budista cualquiera, y ser feliz sólo contemplando la belleza de lo que me rodea, sin necesidad de escalarla. Pero esta una montaña fantástica, y yo un hambre débil, y el deseo ha crecido tanto que ya es difícilmente controlable sin amenazas. Esperamos ansiosos el OK por parte de los meteorólogos suizos que, vil metal mediante (son suizos pero no idiotas), nos ayudan con sus previsiones.

Decían los guerreros japoneses, samurai, que la mayor victoria es vencer sin pelear. No sé si aquí podrá ser así. Por ejemplo, nuestros cuatro compañeros rusos, que han peleado como jabatos y vuelven sin la cima, ¿derrotados? Doce días han transcurrido desde su salida del campo base y su regreso, y cada uno de ellos parece una persona diferente, consumidos hasta el alma. Se van ya para casa, tristes, pero en sus ojos puedo adivinar un brillo que los míos todavía no tienen, pero espero que pronto posean. Será sólo después de la lucha.

Hoy no puedo terminar sin mandar mis mejores deseos a Mikel Bidaurre y a su padre, mi amigo Aurelio, que se hallan ahora ante una montaña mucho más difícil que cualquier Annapurna. Sabéis que podéis contar con mi cariño, admiración y lo que sea que yo pueda hacer por vosotros. Los seminómadas tibetanos, cuando en su sempiterno caminar alcanzan una cima o cruzan algún alto collado, gritan al viento Lho Gyelo (Los Dioses han vencido). Vuestra lucha no ha hecho más que comenzar, pero estoy seguro de que vosotros también venceréis. Ánimo y coraje desde nuestro Santuario.

Iñaki Ochoa de Olza.

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5 comentarios el “La montaña”

  1. crónica emotiva, más sabiendo el desenlace, gracias por compartirla Rafa, hermosa foto, un abrazo

  2. Resulta curioso, al final ha vencido… peleando. La montaña es así, cobra un alto peaje delque solo somos conscientes cuando la noticia salta.
    Ahora está donde le gusta… pero no es consuelo.

  3. impresionante relato, que si no hubiera pasado lo que ha pasado, no habría llegado a nuestros oidos.
    Seguirá escalando allá donde esté.
    Bien rescatado el documento, rafa

  4. Gente especial, digamos de otra “pasta”, son capaces de generar en nosostros un sentimiento de envidia sana, de rebeldía, de admiracion por lo que hacen ,quien no admira su decision, su claridad de ideas, sus principios, vaya sus principios simpre por delante, siempre…

  5. Me ha emocionado la carta, pero especialmente las líneas en las que se pregunta por qué no puede ser alguien que se conforma sólo con admirar la belleza, en vez de empeñarse en escalar la montaña. Supongo que eso debe ser más fuerte que uno mismo, y aunque pueda entenderlo más o menos, admiro al que persigue sus sueños hasta alcanzarlos. La foto preciosa. Un abrazo.


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